domingo, 23 de julio de 2017

Así de lejos... y tan cerca.

El amor no se piensa. Se siente.
El amor no te ata. Te desata.
El amor cuida. No descuida.
El amor no te destruye. Te construye, y se construye.
El amor no deteriora. Repara.
El amor no te empequeñece. Te magnifica haciéndote crecer.
El amor no hiere. Cura. Sobre todo el amor propio. 
Y si no es así, no es amor. 

Nos empeñamos en darle nombre a las cosas que no lo necesitan. 

A lo intangible de los sentimientos que apretujan el alma para seguir alimentándola.

A ordenar emociones que evidentemente no necesitan ser ordenadas. ¡¡Qué osadía!!

Nos empeñamos en buscar respuestas que ya tenemos en silencio. 

Pero seguimos escudriñando para no admitir que siempre, siempre, las decisiones importantes necesitan valentía y coraje, y no silencios mal gestionados, mal entendidos... mal de todo (y de todos).

Persistimos en encontrar la solución en otros, cuando somos nosotros mismos la suma de nuestras decisiones y nuestras no-decisiones convertidas en esa solución que ya tenemos.

Ese primer abrazo sentido donde no corre el aire, porque de dos, uno. Algo así como... siento que te conozco desde hace muchos años.

Esos señeros abrazos con personalidad propia y sin retorno, que marcan un antes y un después a tu propia existencia. A la nuestra, claro.

- ¿A qué huelen los abrazos?
- A ti.

Así de simple. 
Así de fácil.
Así de lejos... y tan cerca.


Ilustración: Alejandra Acosta


martes, 18 de julio de 2017

SENTIR Y VIVIR BONITO 💙🎈

Sentimos y vivimos bonito, porque en algún momento de nuestra vida también hemos vivido y sentido feo, repulsivo, repugnante. Y todos hemos pasado por ello. Sí, todos sin excepción.

De eso va la vida. De ir tejiendo emociones con las personas que merecen la pena, porque te la quitan. La pena, claro. 

Y de eso va la vida. De ir sembrando para seguir recogiendo. De seguir sonriendo a pesar de las batallas libradas. No todas ganadas, pero sí todas aprendidas.

Sí, de eso va la vida, de poder sentir y vivir bonito porque también hemos sentido y vivido feo. Pero oye, que con amor propio uno lo embellece todo. ¿verdad? 

Sentir y vivir bonito conlleva tener heridas curadas. Bien curadas, claro. Las heridas mal curadas atraen a los parches que solo sirven para sufrir innecesariamente. Y claro, así, pues no. No ni hablar.


Sentir y vivir bonito conlleva cicatrices bonitas, de esas que las sientes y piensas "caí, sufrí, me levanté y aprendí. Y le grité a la vida: ¡¡Déjame paso que voy de nuevo!!". 


domingo, 16 de julio de 2017

ME CANSÉ...

Me cansé de dar explicaciones al viento. De colmar los vasos medio vacíos con palabras sin retorno.

Me cansé de los “tequiero” sin sentido que solo servían para llenar la carencia de lo que no era. O de lo que sí pero no supe ver. 

Fue demoledor fustigarme con las interpretaciones ajenas que no eran las mías propias, ni el significado que yo daba a mis impulsos.

Rendir cuentas a la prepotencia y a los prejuicios de quienes pensaban que eran el ombligo del mundo fueron intentos caídos en saco roto. Mientras el mundo se los comía a ellos, sumidos en su ego mal entendido, mal interpretado… mal gestionado. 

Terminé exhausta de sacudir mis sentimientos para anteponer los de los demás a mi propia existencia.

Caí. Caí como cualquier ser humano enajenado por un querer sin suficiente amor propio. Por un querer, sin querer. Porque eso de querer bien es para los valientes, los impávidos, los héroes. 

Y seguimos pensando que querer mucho nos hace osados. Ay, piénsalo. No, qué va. Querer mucho sin querer bien, no es querer. Como querer a medias, tampoco. Y claro, así no.

He querido hasta rozar el odio metafórico desde mis entrañas. Con tanta pasión desmedida que dolió. Dolió alguna vez que otra, claro. Pero sufrir también es parte del proceso para poder resurgir de las cenizas, del lodo, de la oscuridad pintada con sentimientos confundidos por el apego que no sabemos gestionar. 

Ay, querida vida, cuánto tengo que seguir aprendiendo de mis tropiezos hechos caricias. Seguiré los pasos de la pasión y la osadía que tanto me han enseñado a ser feliz hasta hoy.


Mañana, bueno, mañana es un futuro demasiado incierto aún. Es el aquí y ahora. Y ya. 


lunes, 10 de julio de 2017

ESA FALSA VERDAD ABSOLUTA

Nadie tiene la verdad absoluta. Cada ser humano construye la realidad en función de lo que su cerebro percibe. 

Deberíamos dejar ya de pensar que somos Dioses.

La percepción de cada realidad es tan subjetiva como objetiva, dependiendo de los registros del cerebro de cada persona. 

Su pasado y su presente forman el global de su aprendizaje y su "sabiduría". Todos somos sabios y tontos en la medida de lo que sepamos, no solo por los estudios, sino por dicho aprendizaje, dentro y fuera de las aulas.

Y en base a este aprendizaje, determinamos conclusiones en milésimas de segundo y tomamos decisiones en menos de dos segundos.  

Insisto, nadie tiene la verdad absoluta porque todo, TODO, se basa en la percepción única y personal, que no intransferible debido a los impactos externos constantes, de nuestro cerebro. 

¿Por qué llamamos blanco al blanco? ¿Porqué llamamos café al café? ¿Por qué llamamos petricor al olor que desprende la tierra seca cuando se humedece con el agua de la lluvia? 

Siempre digo que contamos historias para no olvidar quiénes somos y de dónde venimos en realidad. Y que las palabras son el hilo conductor de nuestro entorno, sea el entorno que sea y al nivel que sea. 

Hacer un buen uso de las palabras siempre es enriquecedor tanto para quien las "escupe" como para quien las recibe. 

Pero de verdad, deberíamos dejar de pensar que somos Dioses y dueños de todo, sobre todo de la verdad absoluta inexistente.

A veces, y solo a veces, somos más ángeles caídos que Dioses. 

Tanta arrogancia, tanta soberbia, tanto ego mal entendido y peor gestionado. Tanta incertidumbre y tantos miedos incomprendidos. Tanta carencia de valentía para las cosas, incluso para las más inverosímiles. 


Tanto miedo a la verdad, incluida la no absoluta, y tanto cariño a las mentiras dañinas por autoproteger lo que, tarde o temprano, verá la luz. Tanto de todo y tanto poco de nada... o demasiado. 


miércoles, 28 de junio de 2017

"DECÁLOGO" (o sentido común) PARA RELACIONES SANAS

Entiéndase "relación sana" a cualquier tipo de relación humana, pareja, amistad, familia, etc.

1. ¿Te importa? Demuéstraselo.
2. ¿Le/La quieres? Demuéstraselo.
3. ¿Es parte de tu vida? Demuéstraselo.
4. ¿No le harías daño emocional intencionadamente? Demuéstraselo, aunque lo demos por hecho. Ya sabemos cómo va esto. Sí, todos lo hemos vivido en alguna ocasión, que luego pasa lo que pasa. 
5. ¿Tienes miedo? Dilo.
6. ¿Sientes? Dilo y demuéstralo.
7. ¿No sientes? Díselo también.

Y podríamos seguir con los punto 8, 9, 10 y así hasta el infinito. El infinito de los puntos con SENTIDO COMÚN y que nos cuesta aplicar. Y claro, así, pues no. 

Nos llenamos la boca de palabras maravillosas como empatía, honestidad, respeto, sinceridad, querer, amar, sentir, emociones, comunicación y diálogo, y luego somos tan sumamente hipócritas que deterioramos relaciones que podrían y deberían ser sanas. 

Y bonitas, claro, y preciosas también deberían ser. Pero no. Sea al nivel que sea, actuamos para convertir(nos)las en extraños.

Querida hipocresía, estás haciendo un gran trabajo. Enhorabuena. 

La sociedad, y la especie humana, se está marchitando. Estamos borrando nuestro ADN por vivir de forma equívoca el proceso de un corazón roto. Insisto, la amistad también rompe corazones. Tenlo en cuenta.

Pero no nos percatamos que con la honestidad, curamos las roturas, recomponiendo las piezas rotas, hasta acariciar el alma desmenuzada. 

- ¿Qué pasa si te abrazo fuerte? Así, como si no hubiera mañana.
- Que me recompones el alma aunque no sea tuya.

Pues no. No estamos rotos ni incompletos. Tampoco somos la media naranja de nadie. Nacimos completos. A veces, sencillamente, estamos carentes de un poquito más de amor propio.

Qué manía esa, la de pensar que pedir ayuda es de débiles. DÉBIL ES QUIEN CREE PODER SER FUERTE SIEMPRE. 

Somos seres emocionales, a pesar de la racionalidad que nos caracteriza. 

Sí, emocionales, por lo tanto, perfectamente imperfectos.