sábado, 27 de mayo de 2017

AMAR EN TIEMPOS DE INTERNET 💻 @ 🖥️ 💙


Suéñame bonito. Así, con esos besos que nunca nos dimos pero fantaseamos y anhelamos tantas veces.

Saber que nos quisimos mucho. Mucho, pero mal.
Y claro, así, pues no.

Es curioso. Uno nunca deja de aprender a querer.
A querer a pulmón abierto.
A querer a cascoporro.
A querer en la distancia.
A querer desnudando el alma.
A querer porque te quieren.
A querer, incluso con cicatrices.
A querer mal, para aprender a querer.
A querer, queriendo. Sin más. 💙

Queriendo de verdad, con la mirada y las palabras que seducen la mente. Porque si no se empieza por aquí, pues no.

Uno nunca debería vestirse con las corazas de las heridas del pasado para vivir el presente. 

Pensando que el Universo conspiraba a favor nuestro, mientras nosotros conspirábamos en otras direcciones.

Hay distancias del querer que no se miden en kilómetros. Y centímetros que construyen más distancia que el querer mal entendido.

Sacudir los sentimientos para limpiar la intoxicación de las palabras bonitas. Pero si escribes, respiro profundo, hiperventilo y oxigeno. Y claro, uno tiende a resucitar. 

Qué día tan tonto tengo. Qué tonto (te) siento.


Amar en tiempos de internet. ¿Y quién no?


viernes, 26 de mayo de 2017

Vivir felizmente. Vivir feliz de mente. Feliz y demente.

Sigmund Freud dijo: “Si amas, sufres. Si no amas, enfermas.”

Hay madrugadas que se convierten en eternas. En aliento del recuerdo. Madrugadas transfiguradas en alimento de seducción, ataviadas de palabras infinitas y perennes. No siempre es necesario rozar la piel para sentir y estremecerse. 

Y es que algunos de los mejores momentos de nuestras vidas son, precisamente, esos que no podemos (ni queremos) contar a nadie. 💙

Uno debe aprender a dejar un bonito recuerdo en la mente y el corazón de quienes le importan de la forma más incondicional existente. Incluso cuando es necesario dejar espacio para que corra el aire y se renueve. Porque el recuerdo en el cuerpo lo puede dejar cualquiera (o casi). Y lo primero no siempre es tan obvio.

Seguiré dibujándome sonrisas de ángel y vistiéndome con mil demonios en mi cabeza. Esa pura depravación. De la buena, claro. De la que sí. De la que siempre.

Aunque algunas sonrisas de la gente rota a veces son las que más brillan. Sonreír desde la tristeza, desde la apatía, desde el desaliento, desde la nostalgia vestida de derrota… cuesta el doble. 

Solemos buscar la felicidad donde no la vamos a encontrar. Ignorando que la tenemos siempre ante nosotros. En esas ínfimas cosas que se postran ante ti.

Uno debe aprender a vivir felizmente. A vivir feliz de mente. Feliz y demente. Y así, la depravación se justifica con esa sana incordura, con esa sensata locura.





Ilustración: From Apollonia With Love

ME (TE) QUIERO

He olido demasiados "tequiero" con aroma a vacío. Acariciado demasiados "no puedo vivir sin ti" que han dejado arañazos. Respirado demasiados "eres el amor de mi vida" que me han dejado los pulmones llenos de aire intoxicado, hasta hiperventilar a conciencia para limpiar.

Una vez alguien me dijo "yo nunca prometo nada, porque luego tengo que cumplirlo". Aunque tuviera razón, que la tenía, al final todos prometemos cosas que nunca cumplimos, por ínfimas y absurdas que ahora nos parezcan. 

Somos humanos, y a veces esa condición pesa ante el descontrol de las emociones. Las nuestras, claro. Esas que crean un mundo en nosotros mismos.

Qué manía esa, la de ir regalando "tequieros" cuando aún no nos queremos a nosotros mismos lo suficiente para poder querer a los demás, o no como merecen. 😌


No es que no te quiera, es que primero debo quererme mejor a mi para poder quererte bien a ti. Es decir, QUERERTE BIEN. ❤️


jueves, 25 de mayo de 2017

No decidimos lo que sentimos, sino lo que hacemos al respecto

Aprendiendo a quererme mejor... 

Es curioso. Uno nunca decide lo que siente. Sencillamente, o sentimos o no sentimos. Así de simple. 

Por mucho que intentemos negarnos los momentos que producen las sonrisas tontas antes de acostarte, o cuando te levantas, claro. Todos lo hemos vivido en algún momento de nuestra existencia. Y quien no, es que no ha vivido.

Lo que sí decidimos es lo que hacemos al respecto cuando esos sentimientos aparecen. Aunque nos equivoquemos. Que para eso son los tropiezos, para curarte los rasguños y aprender, por supuesto.

Claro que sí, y ¡¡qué cosas, oiga!! Que eso de crecer llena mucho, aunque sea con tiritas y Betadine. Y si hay que suturar, se sutura, que los puntos que dejan cicatrices bien curadas también son experiencia. 

He aprendido que la vida es para vivirla, no para verla pasar. Qué pérdida de tiempo no hacerlo, ¿verdad?

He aprendido a no pensar en lo que pueda ocurrir, en lo que podría pasar o ser sí... No qué va, ya no. Ya no pierdo el tiempo en especulaciones. ¿Para qué? Lo que tenga que ser, será. Quiera yo o no.

He aprendido a disfrutar lo que ocurre, lo que transcurre, lo que pasa aquí y ahora. Así uno vive mejor, más tranquilo y más feliz. 💙

Especular y hacer conjeturas sobre un futuro que aún está por llegar crea angustia, ansiedad y agobios innecesarios. Esa zozobra que oprime. Y claro, así, como que no, ni hablar. Ya no. 😌

Es fácil. Estoy aprendiendo a quererme un poco más, pero sobre todo, a quererme mejor.





Ilustración: Sveta Dorosheva

jueves, 18 de mayo de 2017

PERMÍTETE PERDONARTE

Permítete perdonarte.

¿Y si de vez en cuando hiciéramos introspección y nos permitiéramos la licencia de pedirnos perdón a nosotros mismos? 

Sí, pedirnos perdón por habernos dañado, por ejemplo. Porque lo hacemos, claro. Por supuesto que nos autolesionamos.

Estamos acostumbrados a pedir perdón a los demás. Por haberles dañado, por no haber estado a la altura, por haberles decepcionado... Disculpa, ¿y nosotros? Claro, olvidándonos de nosotros mismos, pues no. 

Nadie se libra de autolesionarse. NADIE. Sea de la forma que sea, en el momento que sea, las circunstancias o el entorno que sean. No importa. Siempre hay un momento en nuestra vida, o dos... o más, en los que parece que el mundo se derrumba a nuestros pies. Nuestro mundo. 

Ese mundo que orquestamos, supuestamente a nuestro antojo, pensando que todo es una mierda. Sí, dije mierda. 

Pero es que las circunstancias no tienen vida propia, y las miramos desde abajo, ellas por encima de nuestro hombro, creciéndose por momentos porque les permitimos que lo hagan, viéndonos sumidos en el estoicismo y la degeneración de nuestro ser, como si tuvieran el control de nuestra propia existencia. Y claro, así, no, ni hablar. 

Tanto disertar de hipocresía y luego los más hipócritas somos nosotros con nosotros mismos. Intentamos que nos perdonen, perdonamos a los demás, pero seguimos sin perdonarnos nosotros. 

En serio, perdónate a ti por haberte hecho daño. Por haberte subestimado. Por haber dejado en el letargo el amor propio y la autoestima, dejándolos en el baúl de los recuerdos. Aunque no los hayas perdido, pero todavía no eres consciente de ello. 

Perdónate por pensar que no podías lograrlo. Por dejar que te manipularan. Por permitir que echaran por los suelos tus sueños, aunque fuera durante un breve tiempo caduco. Porque ¿sabes?, recogerlos de nuevo es cuestión de actitud, y de ganas, de muchas ganas. Si es que el secreto siempre está en las ganas. SIEMPRE. 

Pon un punto final a las lágrimas sin retorno. Esas que marchitan el alma herida, el alma dolida. Esas lágrimas dedicadas e invertidas en lo que no es, claro, así no. Esas que salen demasiado caras, y además, sin reciprocidad del mundo. 


De verdad, perdónate. Si tú no te perdonas, nadie lo hará por ti en ese runrún que te corroe por dentro. Ese pesar que marchita y amustia lo que eres. Que es mucho. 

Es el principio para aprender a respetarnos. A nosotros mismos, claro.