sábado, 12 de agosto de 2017

Tengo ganas de no quedarme con las ganas...

Tengo ganas de no quedarme con las ganas. De decirte tantas cosas que callamos. 

Que el silencio alimenta lo hiriente de las palabras que nunca pronunciamos.

Que todos bailamos con nuestros demonios. Con caricias incluidas. Con miradas inciertas en la nada.

Que la vida es besar el suelo para saber a qué saben los tropiezos. A qué saben las oportunidades perdidas. El lodo de lo desvanecido. 

Que la distancia son solo nueve letras ordenadas por quién sabe qué perdió y dónde. 

Que la vida es la suma de nuestras decisiones y nuestras no decisiones. Todas ellas lo son en si mismas.

Como también lo es la suma de las personas que forman parte de tu existencia, y de lo que eres. De lo que dejaste de ser por ser quien eres. 

Que las personas que te importan no deberían quedarse entre silencios. Silencios de la duda, vestidos de lo importante. El desasosiego que marchita. Te marchita. Y claro, así no.

Y aquí andamos, como si el mañana fuera un futuro lejano, y lo tenemos a la vuelta de la esquina. La jodida esquina que llega con las circunstancias del revés.

Y pensamos… 

Sin él estoy perdida.
Sin él mi vida no tiene sentido.
Sin él estoy vacía.
Sin él no soy nadie.

Y ciertamente, tenemos razón. Sin nuestro amor propio no somos, ni nunca seremos, (de) nadie. No hablo de alguien ajeno a tu propia persona. Si no de ti. Sí, TÚ.

Anduvimos por la calle de la nostalgia durante un breve tiempo caduco. 

Aprendiendo de la vida más que de los libros.

Sucumbiendo a los pecados que nos llenaron los vacíos mal entendidos, mal gestionados, mal de todo y de todos, de muchos al menos. 

He llegado a estar en la luna y quedarme en ella mientras observaba cómo se alejaban los susurros. Hasta que me di cuenta que la luna te la regala cualquiera. Los susurros también. Los suspiros no, no te los provoca cualquiera. Y el aliento tampoco, tampoco te lo quita cualquiera. 

Y dejamos pasar el tiempo. A ver si con suerte las heridas curaban y quedaba una bonita cicatriz. Pero hasta para eso hay que cuidar lo que importa, o lo que importó en su día, aunque ahora ya no. Porque somos la suma de todos esos momentos vividos, esos recuerdos hechos cenizas.

Y mañana será otro día jodidamente maravilloso en el que pintaré mis lágrimas de colores y purpurina. Porque he venido a dejar huella en esta vida. 

Vida que te va quitando todo con suma perseverancia y paciencia, pero al unísono con ella, voy construyendo una colección indecentemente infinita de momentos mágicos perecederos. Sí, para los restos. Para siempre.

Y así, claro, así sí. Así cualquiera se me pone delante a hacerme frente. Y punto.



viernes, 11 de agosto de 2017

No te escondas detrás de tus miedos 🎈💙

Qué manía esa, pensar que los miedos pueden vencernos.

Sin duda somos nuestro peor enemigo y nuestro mejor aliado. Sí, nosotros mismos. Somos nuestro mayor miedo y nuestro mejor reto. Tú decides. 

Qué manía esa, pensar que no podemos convivir con ellos.

A los miedos hay que entenderlos, comprenderlos y aceptarlos. Deberíamos aprender a convivir en simbiosis con ellos. Esa gran desconocida inteligencia emocional. 

Al fin y al cabo, nos ayudan a estar en estado de vigía, de alerta. Así no nos pegamos tantos porrazos. Literal y metafóricamente, claro. Ay, queridos miedos... 😉

Qué manía esa, escondernos detrás de ellos. ¿No te das cuenta que así no te dejan crecer? Sí, a ti. A tu grandeza.

La vida es tan insultantemente corta que cuando nos percatamos de que el tiempo transcurre a una velocidad de vértigo, nos damos cuenta que éste se desliza abrazando el futuro de forma pasada. Y claro, así, pues no. No, ni hablar.

Que las oportunidades hay que saber aprovecharlas. Lo de que nunca vuelven es incierto, pero sí lo es que se presentan en otro formato, con tantas otras formas y las dificultades que ellas conllevan al aceptarlas. 


La vida sin riesgos, sin imprevistos, sin locuras... sin un "aquí y ahora", carece de gran parte de su más excelso sentido. 😊



miércoles, 9 de agosto de 2017

Alguien decidió llamarlo RESILIENCIA

Nunca se es tan fuerte como cada vez que tienes que levantarte de la caída. De todas ellas, claro. De cada una de ellas, por supuesto. 

Y aquí andamos, como si la vida nunca nos hubiera golpeado. Como si ésta fuera exenta de tropiezos, de la consecuencia de los ostiones que nos ayudan a besar el suelo. 

Pero mira tú, aquí andamos, con la cabeza bien alta, mirando al frente y retándonos para seguir creciendo, para seguir aprendiendo a construir en lugar de destruir. 

Para seguir aprendiendo a sumar y no restar. Aportar y compartir, maravillosos verbos hechos esencia. Es la única forma de aprender a ser mejores. Mejores personas, claro. Si no, no.

Para, sencillamente, adaptarnos a ese proceso de mutación que experimentamos de los cambio que producen los tropiezos hechos aprendizaje. Y claro, así, sí. Sí SIEMPRE. Y ya.


Alguien decidió llamarlo RESILIENCIA. 👊🏻 


viernes, 4 de agosto de 2017

HAMOR CON H NO ES AMOR, ES ERROR. 💔

Eso fue hamor, con H de ERROR. 
Porque el hamor con H no es AMOR. 

Ese amor que sí, que claro, que incondicionalmente, que siempre aunque no estés... que para siempre aunque creas que te olvidas. 

Pero no, no te olvidas ni queriendo. No qué va. Ni creando muros, ni poniendo corazas mal entendidas, ni distancia... ni ná de ná como diría aquél.

Déjate de tonterías, que eso de AMAR con H no es amor, sino "error". Error, sinónimo de experiencia, del verbo APRENDIZAJE. 😉

O es amor o es error, pero no ambas cosas aunque pensemos que no nos conviene. Aunque sintamos que el dolor es perenne. Y claro, así, pues no, no ni hablar. 

Qué cosas tiene la vida, suspiramos por amor y por "error". ¿Y quién no ha cometido "herrores" emocionales? 

- Sí, tú también, seguro que sí. 
- ¿Y qué? 
- Y nada. Aprendiendo que es gerundio. Y a lamer heridas, que esto de vivir no lleva manual de instrucciones, oye. Y punto, déjalo ir. 🎈

Al fin y al cabo, somos seres emocionales más que racionales, aunque la racionalidad también sea parte de las emociones que fuimos, que somos, y que queremos ser. 


Dejar un legado emocional siempre enriquece más que un legado material, incluso con H, de APRENDIZAJE. 


martes, 1 de agosto de 2017

VIVIR... la mejor decisión. 💚 👊🏻

He caminado muchos kilómetros ya. Tantos como experiencias me ha permitido la vida vivir. Tantos como yo me he permitido sentir. 

Tantas heridas en las plantas de los pies que he aprendido a sanar y curtir las lágrimas en ellas, acariciándolas, maltratándolas de vez en cuando. 

Como cuando sabes que algo te hará sufrir, pero vas a por ello, lanzándote al vacío sabiendo que el aterrizaje dejará alguna que otra cicatriz. ¡¡Bendita osadía!!

Muchos kilómetros no son suficientes. Queda mucho sendero por recorrer. Mucho camino por construir. Mucha vida por vivir. Y claro, así, sí. Por supuesto. 

He desgarrado el alma hasta romperla en mil pedazos, pensando que era imposible volver a crear el puzzle que la marchitó. Sufriendo por aquello que la dañó, sin percatarme de que la vida solo estaba moldeando la dureza de una coraza de quita y pon.

Nada es tan fuerte como el sentimiento de saber que eres capaz de sobrevivir. Con corazas o sin ellas. Al fin y al cabo, las corazas son solo excusas para no sentir. 

No es del sufrimiento ajeno que nos protegemos. Es del sufrimiento propio que nos condenamos. Y claro, así, no. Pues no, no ni hablar.

Corazas, ¡¡vaya invento del ser humano!! Corazas de quita y pon que te las arranca de un plumazo quien es capaz de ayudarte a recomponer el alma rota. Quien es capaz de darte las piezas de una en una para que tú misma recompongas el sendero que queda por recorrer.

Y nos empeñamos en pensar que necesitamos una media naranja para sobrevivir, cuando todos, absolutamente todos nacemos completos.

Qué manía esa, pensar que tener alguien al lado es una obligación. No, gracias. Recorrer el sendero acompañada es una opción, pero mucho más, una decisión. 


Algunas obligaciones terminan por destruir. Las decisiones ayudan a construir. 

Y ya me perdonaréis, pero no conozco mayor demostración de amor que construir la vida de una misma ayudando a poner las piezas del sendero ajeno compartido.