viernes, 19 de enero de 2018

SI DUELE, NO ES AMOR. 💔🎈


Lo tenemos mal entendido.
El amor no duele.
Y si duele, no es amor.
El amor no daña.
Si daña, ya me disculparás, pero ¡¡despierta!! porque no es amor.
No, así no.
No, ni hablar.

Quítate la venda de los ojos. 
Esa que te ciega el amor propio.
La que no te permite ver que dejaste la autoestima allí, en el suelo, en el rincón del olvido, en el baúl de los recuerdos.

Las decepciones, esas jodidas sí duelen.
Duelen porque esperamos.
Dañan porque nos ilusionamos.
Mortifican porque (nos) creamos expectativas, conscientes o no.

El amor no mortifica.
Si mortifica, no es amor.
El amor no obsesiona. 
Si obsesiona, no es amor.
Y-PUN-TO.

Despierta del letargo que te marchita. 
De verdad, hazlo.
Quiérete bien, a ti, para poder querer a los demás mejor.

No permitas que trasciendan las decepciones ajenas. 
Obvialas después de digerirlas. 
Así, hasta con protector estomacal si es preciso.

¿Sabes qué es lo más importante en esta vida?
No decepcionarte a ti mismo. 
No lo olvides.
No (te) olvides.
Y ya.




sábado, 13 de enero de 2018

Todo empieza por un, SÍ (ME) QUIERO. ✨🎈

Todo empieza por un, SÍ (ME) QUIERO. ✨🎈

Entendí que es mejor llevarte bien contigo mismo. 
Es la única relación que dura toda la vida. 
Te guste o no. Acéptalo.

Descubrí que somos nuestro mejor amigo y nuestro peor enemigo. No lo olvides. Yo decidí recordarlo.

Pero me percaté que es un inconmensurable y arduo trabajo que nos ocupa hasta el fin de nuestra existencia. Conocernos bien a nosotros mismos. Ni más, ni mucho, si no bien. Como el querer. 

Comprendí que a veces hay que pederse para encontrarse.
Desconectar para (re)conectar.
Hacer para lograr.
Estar en silencio para lograr escucharnos.
Soñar para viajar... desde dentro, claro.
Y así, sí.
Sí cada momento.
Sí siempre. 

Que tropezar es el sinónimo de aprendizaje.
Que hay que caer para levantarte. 
Desaprender para volver a aprender. 
Desde cero, pero con el conocimiento de la experiencia. 
De la coexistencia con nosotros mismos. 

Que uno siente irremediablemente a pesar de las circunstancias. Sean las que sean. 
Las del pasado, el presente o incluso la propia especulación de las emociones futuras que están aún por llegar.
Sentir para vivir. 
Así de sencillo. Así de complicado. Así de (que) TODO.


Dice la vida que no nos la compliquemos, que ella solita lo hace maravillosamente. Al fin y al cabo, vivir ya es toda una aventura.


viernes, 29 de diciembre de 2017

SOMOS LA MEDIA NARANJA DE NOSOTROS MISMOS. 😊🎈

Entendí que la vida a veces se pone muy jodida. 
Así, con la boca grande y la mente cerrada. 
Con el vaivén de una sociedad marchitada que solo grita estereotipos nauseabundos de lo que han estipulado como “normal”. 

Qué manía esa. Pensar que debemos ser la media naranja de alguien. 
Que sin alguien no somos viento, ni sueños, ni retos… ni vida.
Y claro, así, no.
No, ni hablar.
No nunca.
No siempre.
No tú.
No nadie.

Nacemos siendo la parte completa de nosotros mismos. 
La media naranja de nuestra otra mitad.
Así, con el amor propio subido por montera. 

Y qué bien nos queda ese vestido de autoestima. 
Hace juego con esa mirada de libertad.
Pero libertad de palabra, no solo de mente.
Libertad de hechos, no solo de sueños.

Libertad para volar con los pies en el suelo, y la mente en las nubes de lo tangible, de lo palpable. 
De lo que se puede realizar porque tenemos la entera convicción de hacerlo posible. Y PUNTO.

No la "libertad" metida en esa jaula manipulada por el antojo ajeno de quienes anulan los principios de la moralidad más básica. 
La nuestra.
La tuya.

La de todos.



jueves, 21 de diciembre de 2017

Cuando aprendes a desnudar la osadía

Aprendí a dejar de ser reprimida por miedo. Reprimir emociones, sensaciones, experiencias y pensamientos. 

Buscando la aprobación de una sociedad cada día más marchitada y mustia por los estereotipos de lo supuestamente correcto. Y claro, así, no. 

Aprendí a ser la descarada que hay en mi. Pero con clase, oye. La clase por encima de todo. 

Como si no supiéramos ser vulgares y groseros cuando nadie nos mira, cuando nadie nos ve… o alguien, quién tú elijas, claro. 

Ese alguien que no te mira como si fueras ordinario. Ese alguien que te observa con ternura cuando te pones en modo trivial y pedestre. 

Y gusta, eso gusta… vaya si gusta. Que no te miren por encima del hombro. Ni por debajo, claro está. 

La terneza y requiebro de las miradas que piensan en toda la sana locura que reside en ti, leyéndose a través de esas sonrisas que llevan el nombre de ternura.

Aprendí a desnudar la osadía y ponerla encima la mesa. Así, con la transparencia de las circunstancias. 

Que no estamos ya para ir poniendo lazos de regalo a la cordura y a la contención del castigo cuando nos cohiben.

Y fue entonces, ha sido entonces, desde que me puse por montera el amor propio, cuando renací. Cuando me redescubrí. Cuando entendí de qué va esto de la vida.

Déjate de memeces del qué dirán. Del qué dirán no se come. Ni se respira. Ni se aprende. Ni se crece. Ni mucho menos se vive.

VIVIR, del verbo “ese rato que pasas cuando no te estás preocupando en exceso por lo que no te aporta.”

Mientras inviertes tiempo en quien no te aporta, dejas de hacerlo en quien sí. En ti, por ejemplo.

Recuerda: Los demás van a respetarte cuando comprendas que el primer respeto es el que te debes a ti mismo. Porque si de alguien vas a ser siempre, pase lo que pase, es de ti. Y punto




domingo, 26 de noviembre de 2017

Ese cáncer de la sociedad llamado VIOLENCIA DE GÉNERO

VIOLENCIA DE GÉNERO… ese cáncer de la sociedad.

Fue ayer. El Día Internacional Contra la Violencia de Género. Pero los que me conocéis sabéis que suelo ir a contra corriente. 

Ayer lo recordaba todo el mundo. Hoy lo recuerdo yo porque, seguramente, muchos habrán olvidado qué día se celebraba ayer. 

Jamás entenderé las mentes enfermas que dañan por placer. 

Seres humanos que se regocijan con la sin razón de maltratar por mera diversión o por el descontrol de su mente trastocada, poniendo encima de la espalda ajena el peso de la desgracia. 

La carga involuntaria de la culpabilidad y el miedo de quienes lo padecen. La carga casi eterna de la negación que habita en quienes lo sufren.

Y a su alrededor, quienes la congoja y la impotencia les ahoga en muchos casos. Otros, la ignorancia, el silencio y el desconocimiento. 

Algunos, afortunadamente, la valentía de dar pasos. Esos que deben empezar por quienes la tortura les consume la personalidad y su propia existencia día tras día.

Hay que hacer entender que no se está solo. Hay que concienciar año tras año, día a día, segundo a segundo, que algunas heridas físicas se curan pero otras matan. 

Las heridas psicológicas a veces permanecen aletargadas hasta que algo las despierta. Pero se superan demoliendo los recuerdos de lo que silenció esa vida durante un tiempo finito. 


NADIE ES DUEÑO DE TU VIDA PARA DESTRUIRLA. Ni tan siquiera tú con tu silencio.

¡NO! del verbo "jamás dejaré que tu inseguridad arranque y deteriore mi DIGNIDAD."