martes, 6 de febrero de 2018

NOS LO CONTARON MAL. ✨ ⭐

Nos lo contaron mal. 
Nos hicieron creer que la vida es de color de rosa.
Que los príncipes azules existen.
Que las princesas no pueden dormir si no es entre algodones.

Y descubrimos que la vida una la pinta como se le antoja.
Que los príncipes se convierten en ranas o en seres dignos de ocupar parte de tu vida.
Sin tantos volantes en sus ropas y con más pasión por complacer que por ser complacidos. 
Más pasión en el silencio de observar(te).

Que no hacen falta los algodones para ser princesa, ni princesa para desvestir y deshacer los algodones.
Que hay sábanas que también son hogar.
Y que deshacer no siempre es para (no) dormir, claro.

Nos lo contaron mal. 
Nos hicieron creer que el ser humano no es mundano.
Que las guerras siempre son causa de y para una buena causa.
Que pelearse es de cobardes.

Y descubrimos que el ser humano es trivial y profano cuando pierde los valores. 
Cuando deja en el letargo los principios de su piel, y de su alma.
Que las guerras siempre son fruto de la sinrazón del egoísmo. 
Del egoísmo de ese ser humano mundano. Sí, ese.

Que pelearse no es más que la degeneración inconmensurable de la cobardía más absoluta. 
Esa perdición entre lo banal y la pérdida del carisma adormecido.

Me lo contaron mal, sí. 
Me hicieron creer que mi mundo es suyo. 
Que mi vida es suya.
Que mi piel, también.

Hasta que grité que mi mundo es mío, y de quien yo decida que sea de más... o de menos.
Que mi vida es total y absolutamente mía. 
Que la comparto con quien me (com)place, con quien me aporta, con quien me reposa... 
Ese sosiego perenne.

Que mi piel está llena de infinitos Universos que dibujan lo que soy... y lo que fui. 
La piel en la que sigo escribiendo la coexistencia de mi naturaleza.
Y que no. Que no la toca cualquiera. Y punto.

No lo olvides. Mientras inviertes tiempo en quien no te aporta, dejas de hacerlo en quien sí. 
Empezando por ti, por ejemplo. 

Recuerda. 
Los demás van a respetarte cuando comprendas que el primer respeto es el que te debes a ti misma. 
Porque si de alguien vas a ser siempre, pase lo que pase, es de ti. 

Y punto. 



viernes, 26 de enero de 2018

Sentimiento sempiterno 🎈⭐

Querer lento y bien, sin necesidad de más, si no mejor, también cuenta como sentimiento sempiterno. 

Deberíamos dejar de decir que queremos mucho.
¿Cómo se mide mucho?
¿Cómo se mide el yo más?
¿Cómo se mide la desmedida confusa del mal querer por un mal entender enajenado?

Tenemos memoria selectiva. 
Hay algo más importante que querer mucho. Y es querer bien para aprender a querer mejor. 
Empezando por ti mismo, claro.

Ese sentimiento inconmensurable e imperecedero que se convierte en eterno.

Ese sentimiento intangible que ni la distancia ni el tiempo son capaces de destruir porque es perenne y perpetuo. 
Contigo es para siempre, no lo olvides. 
Esa relación que va a durar(te) toda la vida. 
Sí, TODA.

Deja de fustigarte por la autoincomprensión y sé, aunque sea solo un poquito, más benevolente con tu propia existencia.
Cómo, y no cuánto, quieras a los demás, también lo decides tú. 

Y nos fustigamos por la sinrazón especulativa del qué dirán. 
Pero olvidamos que nadie tiene derecho a juzgar(nos). 

Porque nadie más que tú sabe a qué huele tu tristeza.
A qué saben tus logros.
Qué tacto tienen tus ganas de aprender... y crecer.
Qué música vives con tus ganas de querer.

Nadie sabe qué sabor tiene la sonrisa de tu felicidad... o sí. 



jueves, 25 de enero de 2018

Querida RESILIENCIA

Hoy hace justo un año. 
Un año que te hice nacer en mi piel para siempre. 
Un año que te hice compartir el lienzo de mi piel con tantos otros perennes que ya estaban.
Otros que nacieron después. 
Y algún otro que está en camino de nacer para convertirse en eterno... también.

Pero hace unos cuantos más que tu significado forma parte de mi existencia.
Parte de mi entender.
De mi vivir.
De mi filosofía de vida. 
De mi forma de ser y estar. 
Porque no se es sin estar, ni se está sin ser.
Y claro, así, sí. 

Del hecho de coexistir con mis debilidades para hacerlas oportunidades y seguir creciendo.

Y es que a veces la vida se pone muy puta. 
Pero nos engañamos al vaivén de las circunstancias que creemos que no nos dejan otra opción.
Al vaivén de su mero antojo porque creemos que no nos permite decidir.
Y encima, nos lo creemos.

Iluso tú si crees que la vida tiene el control de tu propia vida.

Tú, eres quien toma las decisiones.
Tú, eres quien no las toma. Porque a partir del momento que no tomas una decisión, ya la estás tomando.

Tú, eres quien dice SÍ o NO a querer aprender.
Tú, eres quien decide ser feliz.
Tú, eres quien decide caer para levantarte. O simplemente, levantarte después de cada tropiezo. Sean los que sean.

No lo olvides. Cuando estés besando el lodo, recuerda que nadie tiene tanto poder para volver a volar, como el que tú eres capaz de creer. 

No me llames fracaso. Llámame RESILIENCIA. Porque el sinónimo de fracaso, siempre, absolutamente SIEMPRE, es aprendizaje.





viernes, 19 de enero de 2018

SI DUELE, NO ES AMOR. 💔🎈


Lo tenemos mal entendido.
El amor no duele.
Y si duele, no es amor.
El amor no daña.
Si daña, ya me disculparás, pero ¡¡despierta!! porque no es amor.
No, así no.
No, ni hablar.

Quítate la venda de los ojos. 
Esa que te ciega el amor propio.
La que no te permite ver que dejaste la autoestima allí, en el suelo, en el rincón del olvido, en el baúl de los recuerdos.

Las decepciones, esas jodidas sí duelen.
Duelen porque esperamos.
Dañan porque nos ilusionamos.
Mortifican porque (nos) creamos expectativas, conscientes o no.

El amor no mortifica.
Si mortifica, no es amor.
El amor no obsesiona. 
Si obsesiona, no es amor.
Y-PUN-TO.

Despierta del letargo que te marchita. 
De verdad, hazlo.
Quiérete bien, a ti, para poder querer a los demás mejor.

No permitas que trasciendan las decepciones ajenas. 
Obvialas después de digerirlas. 
Así, hasta con protector estomacal si es preciso.

¿Sabes qué es lo más importante en esta vida?
No decepcionarte a ti mismo. 
No lo olvides.
No (te) olvides.
Y ya.




sábado, 13 de enero de 2018

Todo empieza por un, SÍ (ME) QUIERO. ✨🎈

Todo empieza por un, SÍ (ME) QUIERO. ✨🎈

Entendí que es mejor llevarte bien contigo mismo. 
Es la única relación que dura toda la vida. 
Te guste o no. Acéptalo.

Descubrí que somos nuestro mejor amigo y nuestro peor enemigo. No lo olvides. Yo decidí recordarlo.

Pero me percaté que es un inconmensurable y arduo trabajo que nos ocupa hasta el fin de nuestra existencia. Conocernos bien a nosotros mismos. Ni más, ni mucho, si no bien. Como el querer. 

Comprendí que a veces hay que pederse para encontrarse.
Desconectar para (re)conectar.
Hacer para lograr.
Estar en silencio para lograr escucharnos.
Soñar para viajar... desde dentro, claro.
Y así, sí.
Sí cada momento.
Sí siempre. 

Que tropezar es el sinónimo de aprendizaje.
Que hay que caer para levantarte. 
Desaprender para volver a aprender. 
Desde cero, pero con el conocimiento de la experiencia. 
De la coexistencia con nosotros mismos. 

Que uno siente irremediablemente a pesar de las circunstancias. Sean las que sean. 
Las del pasado, el presente o incluso la propia especulación de las emociones futuras que están aún por llegar.
Sentir para vivir. 
Así de sencillo. Así de complicado. Así de (que) TODO.


Dice la vida que no nos la compliquemos, que ella solita lo hace maravillosamente. Al fin y al cabo, vivir ya es toda una aventura.


viernes, 29 de diciembre de 2017

SOMOS LA MEDIA NARANJA DE NOSOTROS MISMOS. 😊🎈

Entendí que la vida a veces se pone muy jodida. 
Así, con la boca grande y la mente cerrada. 
Con el vaivén de una sociedad marchitada que solo grita estereotipos nauseabundos de lo que han estipulado como “normal”. 

Qué manía esa. Pensar que debemos ser la media naranja de alguien. 
Que sin alguien no somos viento, ni sueños, ni retos… ni vida.
Y claro, así, no.
No, ni hablar.
No nunca.
No siempre.
No tú.
No nadie.

Nacemos siendo la parte completa de nosotros mismos. 
La media naranja de nuestra otra mitad.
Así, con el amor propio subido por montera. 

Y qué bien nos queda ese vestido de autoestima. 
Hace juego con esa mirada de libertad.
Pero libertad de palabra, no solo de mente.
Libertad de hechos, no solo de sueños.

Libertad para volar con los pies en el suelo, y la mente en las nubes de lo tangible, de lo palpable. 
De lo que se puede realizar porque tenemos la entera convicción de hacerlo posible. Y PUNTO.

No la "libertad" metida en esa jaula manipulada por el antojo ajeno de quienes anulan los principios de la moralidad más básica. 
La nuestra.
La tuya.

La de todos.



jueves, 21 de diciembre de 2017

Cuando aprendes a desnudar la osadía

Aprendí a dejar de ser reprimida por miedo. Reprimir emociones, sensaciones, experiencias y pensamientos. 

Buscando la aprobación de una sociedad cada día más marchitada y mustia por los estereotipos de lo supuestamente correcto. Y claro, así, no. 

Aprendí a ser la descarada que hay en mi. Pero con clase, oye. La clase por encima de todo. 

Como si no supiéramos ser vulgares y groseros cuando nadie nos mira, cuando nadie nos ve… o alguien, quién tú elijas, claro. 

Ese alguien que no te mira como si fueras ordinario. Ese alguien que te observa con ternura cuando te pones en modo trivial y pedestre. 

Y gusta, eso gusta… vaya si gusta. Que no te miren por encima del hombro. Ni por debajo, claro está. 

La terneza y requiebro de las miradas que piensan en toda la sana locura que reside en ti, leyéndose a través de esas sonrisas que llevan el nombre de ternura.

Aprendí a desnudar la osadía y ponerla encima la mesa. Así, con la transparencia de las circunstancias. 

Que no estamos ya para ir poniendo lazos de regalo a la cordura y a la contención del castigo cuando nos cohiben.

Y fue entonces, ha sido entonces, desde que me puse por montera el amor propio, cuando renací. Cuando me redescubrí. Cuando entendí de qué va esto de la vida.

Déjate de memeces del qué dirán. Del qué dirán no se come. Ni se respira. Ni se aprende. Ni se crece. Ni mucho menos se vive.

VIVIR, del verbo “ese rato que pasas cuando no te estás preocupando en exceso por lo que no te aporta.”

Mientras inviertes tiempo en quien no te aporta, dejas de hacerlo en quien sí. En ti, por ejemplo.

Recuerda: Los demás van a respetarte cuando comprendas que el primer respeto es el que te debes a ti mismo. Porque si de alguien vas a ser siempre, pase lo que pase, es de ti. Y punto




domingo, 26 de noviembre de 2017

Ese cáncer de la sociedad llamado VIOLENCIA DE GÉNERO

VIOLENCIA DE GÉNERO… ese cáncer de la sociedad.

Fue ayer. El Día Internacional Contra la Violencia de Género. Pero los que me conocéis sabéis que suelo ir a contra corriente. 

Ayer lo recordaba todo el mundo. Hoy lo recuerdo yo porque, seguramente, muchos habrán olvidado qué día se celebraba ayer. 

Jamás entenderé las mentes enfermas que dañan por placer. 

Seres humanos que se regocijan con la sin razón de maltratar por mera diversión o por el descontrol de su mente trastocada, poniendo encima de la espalda ajena el peso de la desgracia. 

La carga involuntaria de la culpabilidad y el miedo de quienes lo padecen. La carga casi eterna de la negación que habita en quienes lo sufren.

Y a su alrededor, quienes la congoja y la impotencia les ahoga en muchos casos. Otros, la ignorancia, el silencio y el desconocimiento. 

Algunos, afortunadamente, la valentía de dar pasos. Esos que deben empezar por quienes la tortura les consume la personalidad y su propia existencia día tras día.

Hay que hacer entender que no se está solo. Hay que concienciar año tras año, día a día, segundo a segundo, que algunas heridas físicas se curan pero otras matan. 

Las heridas psicológicas a veces permanecen aletargadas hasta que algo las despierta. Pero se superan demoliendo los recuerdos de lo que silenció esa vida durante un tiempo finito. 


NADIE ES DUEÑO DE TU VIDA PARA DESTRUIRLA. Ni tan siquiera tú con tu silencio.

¡NO! del verbo "jamás dejaré que tu inseguridad arranque y deteriore mi DIGNIDAD." 



martes, 21 de noviembre de 2017

CONTORSIONISMO, del verbo... 🎈

Y nos dijeron que la vida iba a ser bonita. 
¡¡Joder si lo es!! Vaya si lo es. 
Tan bonita como tus ojos quieran verla. 
Así de simple. 
Así de fácil. 
Así de complicado... a veces.
Hasta que te limpias los ojos, claro. 

Aunque sea frotándolos con esa mezcla de rabia y pasión. Y entonces, ves luz y color. 
Y te percatas de que es asquerosamente precioso volver a despertar. Renacer.

Porque claro, la vida también tiene sus infiernos. ¿Para qué vivir siempre en el cielo si podemos flirtear con los demonios aunque sea durante un breve tiempo caduco? 

Esa nostalgia mal entendida que confundimos con la melancolía de los sentimientos pasados que quedaron en el letargo de lo mundano. 

Y así se construyen las heridas mal curadas. Y no, así no. No... ni hablar.

Porque sí, créetelo, también hay cicatrices bonitas que nos recuerdan que vivimos historias preciosas.

A veces, solo a veces, debes contorsionarte para lamer(te) las heridas de la vida, allí donde no llega nadie.

Te prometo infinitas veces que no pasa nada. 

Cuando eres conscientes de que has batallado para sobrevivir, te percatas de que todo cuanto sufriste en su día, te ha hecho ser la persona que eres hoy. 

Más capaz.
Más resiliente.
Más segura.
Más excelsa.
Mejor persona… 
Más TÚ.


Y de eso va la vida... Y punto.



sábado, 18 de noviembre de 2017

NOTA MENTAL: TÚ. ❤️🎈

Entendí que la vida no es la que da muchas vueltas como nos hicieron creer. 

Que somos nosotros los que las damos al son de las decisiones que tomamos ante cada circunstancia de la vida. 
Nuestra propia vida. 
Sí, la nuestra, que para algo es nuestra.
Y claro, así, sí.
Sí siempre. 
Sí a todo y con todo.
Sí, y punto.

Que crecer bajo la (o)presión de la sociedad a veces es agotador. Pero que nadie tiene derecho a marchitar nuestros sueños. 

Pobre tú si dejas de soñar porque intentaron intoxicar tu ilusión. 

Hablamos del respeto que no recibimos, pero no nos planteamos si nuestro respeto va más allá de las circunstancias propias o si acarician las ajenas. 

Nos llenamos la boca de tolerancia y dejamos detrás el rastro del respeto perdido hacia los demás, y hacia ti mismo. 
Y claro, así, no.
Pues no.
No, ni hablar.
No nunca.
No y punto.

Y la pregunta sigue bailando al son discordante de la obra de teatro que tengo ante mi llamada vida, ¿cómo se puede respetar a alguien si antes no nos respetamos a nosotros?

Los demás van a respetarte cuando comprendas que el primer respeto es el que te debes a ti mismo. 


NOTA MENTAL: TÚ. 
Es decir, tú mismo. 
Y no es egoísmo. 
Es amor propio. 
Es respeto por lo que eres, por quién eres. 
Y ya.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Jugamos a ignorarnos, hasta que la vida nos puso de frente

IGNORAR, del verbo "hasta que la vida nos pone de frente." 🎈🎈

Sirva el mensaje para cualquier tipo de relación humana. 

La vida, esa que  dicen que da tantas vueltas.
Esa que te marea cuando pierdes el norte.
La misma que te permite poner cada cosa en su sitio.

Esa vida que dicen que con el tiempo todo se cura. 
No, no ni hablar. 
El tiempo no cura nada.
Somos nosotros los que decidimos curarnos.
Los que decidimos colocar cada cosa en su sitio, en su lugar, en su espacio... 

Es ubicuidad de la trascendencia que damos a cada cosa, a cada persona. 
La vida, esa que nos enseña a priorizar, a reconstruir una vez tras otra la escala de valores.
Nuestros valores en función de nuestras emociones y nuestro aprendizaje.

Tu vida. Ese tiempo en el que vives porque te desvives. 
Ese espacio transitorio de un tiempo caduco.
Esa suma de momentos intangibles que abrazas cuando todos piensan en la suma de lo tangible.

Vivir detrás de la ignorancia... ¡¡qué ilusos!!
Y así, pues no, no ni hablar. 
Así no, y punto.


VIVIR con todas las consecuencias de convertirnos en coleccionistas de historias... nuestras historias. 

Y jugamos a ignorarnos... hasta que la vida nos puso de frente.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

VOLAR, DEL VERBO... 🎈 ✈️ 🚀

Hay verbos capaces de cambiar el concepto de las alturas.
Cambiar el concepto de los sueños. 

Sentir que no es necesario estar durmiendo para soñar. 

Que los mejores sueños son los que se viven despierto. 
Que eso que llaman amor llega cuando menos esperas que llegue. Cuando no lo ansías.

Y que tal como llega, se va cuando no cuajan las cosas...
...hasta que te percatas de que deben condensar contigo mismo, antes que con lo ajeno, con lo que no te involucra directamente a ti en su existencia.

Hay verbos que merecen ser reeditados. Y eso, para qué engañarnos, es algo con lo que me apasiona (con)jugar. 

Porque la definición de algunas palabras cambian en función de las circunstancias. 
Cambian en función del entorno.
Cambian porque hay motivos para interpretarlas desde otras perspectivas.

Cambian como el Caleidoscopio que recordamos, aletargado en nuestros recuerdos.
Cambian diciendo lo mismo, pero menos dramático, con más ternura, con más requiebro... con más pasión.

Cambian por el excelso hecho de su naturaleza intangible.
Y porque sí, cambian porque sí, y punto. 


Porque VOLAR, bien podría venir del verbo "no es necesario estar en las nubes para sentir la libertar de soñar." Y ya. 🎈



domingo, 29 de octubre de 2017

Y la vida hizo aquello que sabe hacer tan bien...

Lo tenemos mal entendido. Seguimos ofuscados y confundidos.

Reiteramos nuestra creencia en que el poder del ser humano radica en el odio, incluso en el nuestro propio por una mala gestión del querer(nos). 

Llámalo odio o mala gestión de las emociones focalizadas en el bien colectivo, y en el de uno mismo.

Y en realidad, el verdadero poder del ser humano nace, en su origen, en su génesis, precisamente en la VERDAD.

Navegamos a la deriva en el mal concepto de una fortaleza que ignoramos. Como hojas al viento pensando que la verdad nos debilita. 

Y lo que parece que ignoramos, es que la verdad nos ayuda a ser más resistentes, amalgamada con amor propio y autoestima para convertirnos en resilientes.

La vida hizo eso que sabe hacer tan bien... recordarnos que no se puede morir en vida. 


Que aquello que pensamos que nos deja aletargados, esconde justo lo que nos ayuda a seguir creciendo, seguir evolucionando, seguir mejorando y, lo más importante... seguir viviendo.


viernes, 27 de octubre de 2017

CURIOSIDAD, del verbo... 🎈✨

Dice el dicho que la curiosidad mató al gato. Yo creo que lo hizo más sabio, más audaz, más inquieto y más curioso aún si cabe. 

Entendí que después de descubrir tantos mundos ajenos, era momento de descubrir el mío propio. 
De descubrirme a mi.
De entenderme a mi.
De enfadarme conmigo, también, para conocerme más, y sobre todo, mejor.

De aprender a quererme mejor, porque más es solo un adverbio de cantidad. Y no.  

Entendí que la curiosidad hace de la inquietud por saber, a una persona más sabia, más generosa, más sosegada en conocimiento, pero más hambrienta por seguir aprendiendo.

Entendí que después de tanto tiempo navegando a la deriva, nada fortalece tanto el cerebro humano como la curiosidad.

Esa inquietud por crecer. Pero crecer bien, desde dentro.

CURIOSIDAD, del verbo "seguir descubriendo mundos para encontrar el nuestro." 🌟🌟

Alguien me pidió una vez que hiciera uno de "mis verbos" con la palabra CURIOSIDAD. 


Pues no se me ocurre una metáfora mejor que hablar de DESCUBRIR MUNDOS, y todo lo que ello conlleva. Sobre todo, el nuestro propio. 


domingo, 22 de octubre de 2017

A veces no soltamos. Sencillamente...

Nos ofuscamos. Claro. Nos ofuscamos sin pensar en qué nos ata realmente a algo o a alguien. 

Nos olvidamos de que somos nosotros mismos los únicos que debemos gestionar nuestras emociones. Y claro, así, no. 

Dejamos que los demás gestionen nuestras emociones por nosotros, consciente o inconscientemente. Y claro, así, no.

Pensamos que el mundo se acaba cuando sueltas... o te sueltan. Y claro, así, no. 

Des-ata lo que no te aporta.
Des-ata lo que no te hace feliz.
Des-ata lo que no te deja dormir tranquilo.
Des-ata lo que no te hace crecer.
Des-ata lo que te atormenta.
Des-ata lo que te angustia.
Des-ata lo que no te deja respirar literal... y metafóricamente.
Des-ata lo que no te deja compartir. Ese ni contigo ni sin ti tan tóxico, tan envenenado de muerte en vida.

Qué manía esa, la de pensar que las ataduras son sanas. 

Nos olvidamos de que no sería necesario soltar si gestionáramos las emociones de forma más inteligente. 
Y me incluyo la primera en ese proceso de aprendizaje.


Y es que a veces, no sueltas. Sencillamente te percatas de que nada te ataba.





viernes, 20 de octubre de 2017

TÓCA(ME) AQUÍ...

Qué manía esa, pensar que con tocar la piel es suficiente.

Que con decir palabras bonitas y excelsas cambias el mundo de alguien. Sí, claro, momentáneamente, de forma efímera, perecedera.
Y no, no es suficiente.

Que con miradas uno se alimenta para siempre... incluso sin mirar, así, con la nostalgia de las historias pasadas. 
No, así no. 
Tampoco...

Qué manía esa, pensar que somos inmunes a las caricias que duran toda la vida. Joder si duran... algunas para siempre.
Seguro que también las has vivido.  

Pero de verdad, si tienes que tocar, tóca(me) aquí. Justo en ese punto donde (me) cambias la vida.

Aquí, acariciando donde no se ve, donde no se toca.

En ese punto sublime donde tiene(s) el poder de dar vida y quitarla para besar el lodo durante un breve tiempo caduco.

Sí. Es tiempo de cambiar vidas. 
Tiempo de cambiar la vida. 
Tiempo de cambiar tu vida. 

De cambiar(te) TÚ para seguir viviendo.


sábado, 7 de octubre de 2017

SUPERVIVENCIA 🎈

Caer y levantarte. De eso va la vida. 
Sacudirte el lodo y volver a la carga aunque la vida se ponga muy puta. Que se pone, ¡¡vamos si se pone!! 

Nada de "borrón y cuenta nueva", que lo "malo" vivido es lo que nos enseña a aprender. 
A sobrevivir. 
A crecer. 
A mejorar. 
A evolucionar. 
A mutar si es necesario... y punto. 

De eso va la vida, de aprender a ser resilientes. A reírnos de las heridas para aprender a curarlas a lametazos. 

Y qué bien sabe la satisfacción del sosiego cuando cicatriza por méritos propios, oye. 

Y así, sí.
Sí siempre.
Sí, sin duda.
Sin dudas.
Si dudas, no.
Con dudas, no.
Con decisiones. Incluso sin decisiones convertidas en decisiones en sí mismas. 

Esas no decisiones que vestimos con soberbia entereza dictando sentencia. La sentencia de creer en el amor propio.


SUPERVIVENCIA, del verbo "borrón y sonrisa nueva". Eso es lo que realmente importa. Eso es lo que realmente importas. Suelta... y ya.


domingo, 24 de septiembre de 2017

DEBERÍAMOS PEDIR PERDÓN A LA VIDA

Ayer hizo nueve años. Nueve años que algo decidió llevarse a uno de mis mejores amigos. El mejor de todos por aquél entonces. David murió en un accidente de coche.

La sin razón de la vida que a veces es caprichosa. Recuerdo la llamada de mi madre como si fuera ayer. Sus palabras exactas. Mi incredulidad. Mis lágrimas. Mi todo arrancado de cuajo… sin piedad, sin anestesia. Yo estaba en Almería, trabajando.

Ayer su hermano publicó una foto suya. Rompí a llorar a lágrima viva. Volvieron todos y cada uno de los recuerdos vividos y compartidos. Nuestras peleas, nuestras salidas, nuestras cenas, nuestros descojones, nuestro intentar salvar el mundo… hacerlo mejor. 

Puta vida caprichosa… 

Hacía 8 años que no escribía nada sobre él y el fatídico día. Y aunque me emocione, ya no duele. Dejó de doler cuando comprendí que no se puede luchar contra natura, contra la vida. Convertí el dolor en resignación. La resignación en tristeza. La tristeza en aceptación. Y la aceptación en recuerdo eterno. 

El dolor de la muerte ajena no depende tanto de la edad como aceptación, si no de lo que te unía a esa persona. Cuando decimos que la muerte de una persona mayor es ley de vida, no exime el hecho de que duela tanto o más que la ida de una persona joven. Insisto, depende siempre de lo que te unía (te une) a ella. 

Dichoso apego mal gestionado…

Esa inteligencia emocional para la que no estamos preparados, porque no nos preparan. Sí, es cierto que todos comprendemos la muerte como parte del proceso. El proceso de vivir, que ya desde que nacemos empezamos a morir. 

Pero no nos preparan para la muerte prematura. La muerte ajena prematura. O lo que nosotros pensamos que es prematura. Porque todo, absolutamente todo, ocurre por alguna razón. Y nos ofuscamos por el desconocimiento de dicha razón que no comprendemos. Y claro, no aceptamos.


Deberíamos pedir perdón a la vida. Por morir en ella cuando aún somos capaces de vivir. 



sábado, 23 de septiembre de 2017

SOLTAR, del verbo...

SOLTAR, del verbo "si nada bueno te aporta, deja ir para volver a ser feliz." 🎈

Suelta ni no te llena.
Si no te hace reír.
Si no te despoja sonrisas.
Si no te conmueve.
Si no te roba suspiros.
Si no te deja sin palabras.
Si no te dan ganas de gritar. Sí, gritar al mundo. Para bien, gritar bien, y no a mal ni para mal. 

Suelta si no te motiva.
Si no te ilusiona.
Si no te inspira.
Si no te enerva porque buscas la imperfecta perfección.
Si no te dan ganas de llorar, a veces, solo a veces. Y de felicidad, claro. Si no, no. Y punto. 

Suelta si nada bueno te aporta.
Si no te hace ser tú mismo. Tú misma. Nosotros... vosotros.

Déjalo ir. Sea lo que sea, quién sea, suelta para volver a ser feliz. 💚