miércoles, 1 de julio de 2015

Tomar DECISIONES para ser MEJORES PERSONAS

Hace un año, exactamente el 26 de junio de 2014, escribí algo que quiero recordar, y me gusta hacerlo... recordarlo para no olvidar que nada es eterno, que el ser humano debe aprender de sus caídas para transformarlas en aprendizaje. Y porque sentimientos y sensaciones como estas no se viven una única vez en el transcurso de nuestras vidas. Es necesario experimentar y revivir estas sensaciones SIEMPRE.

"Al final, todo cae por su propio peso, lo bueno y lo malo, en mayor o menor medida. El tiempo transcurre y las circunstancias se mueven al vaivén de nuestras decisiones.

Nada es infinito, y mientras dure, es necesario cuidarlo y procurar vivirlo con intensidad. Porque nunca sabes cuán fugaz puede ser un momento... a menos que tengas la capacidad de manipularlo para tu conveniencia egoísta. Y en dicho caso, casi siempre hay daños colaterales.

Todo esfuerzo merece una recompensa. No solo a nivel laboral, la mayoría de veces, incluso, más a nivel personal. Los sacrificios son recompensados. Las actitudes, más aún. Pero enmendar errores para ser mejor persona no tiene precio más que la recompensa de evolucionar para llegar a vivir más tranquilos y con una conciencia más limpia.

Hoy he leído:
- ¿Tú qué tomas para ser feliz?
- ¿Yo? Decisiones.

Nada más que añadir..."

Foto: Autor desconocido

Y es que todo en esta vida se podría resumir en decisiones y emociones. Nos pasamos la vida tomando decisiones, incluso las cucharadas de azúcar que ponemos en el café ha sido previamente estudiado y decidido. 

La grandeza de nuestras decisiones solo depende de cuán grandes queremos llegar a ser como personas. Ya no a nivel profesional, porque esto es parte de una ambición personal tan lícita como cualquier otra mientras no se dañe a lo ajeno. Si no a nivel personal como seres humanos. 

Hemos llegado a un punto donde es necesario humanizar lo que se presupone que ya está humanizado y que, lamentablemente, no siempre es así. Nos toca ser parte de nuestra naturaleza más emotiva para poder ser parte de un ecosistema que necesita personas, no etiquetas impuestas por una sociedad cada día más degradada.



domingo, 21 de junio de 2015

Días que todo te puede... hasta que descubres que todo es aprendizaje y humanidad.

Lo de que Facebook te recuerde publicaciones de años pasados tiene su parte positiva. De esta manera he recordado que el 18.06.14 escribí la siguiente reflexión que sigo ratificando. 

Sencillamente, porque somos humanos. Porque esos días oscuros siguen formando parte de nuestro ser, y así, sin más, aprendemos a conocernos más y mejor. Nuestras flaquezas y nuestras fortalezas en una única existencia, compartida, por supuesto, pero... al fin y al cabo, como suelo decir, somos tan perfectamente imperfectos... Aquí os la dejo:

”De repente, descubres que hay días en los que todo te puede. Todo te agota. Todo te consume. Todo cuanto creías tener controlado se descontrola, se ofusca, se enquista, y se disipan incluso las ideas más claras de tu propia existencia.

Días en los que descubres que apagas la luz y lo sigues viendo del mismo color monocromático que había estado pintando tu día, tu anterior noche. Descubres tus flaquezas, tus debilidades, tus miedos que no viven en simbiosis con los que hasta entonces sí lo habían hecho.

Y de pronto, el descanso. Y con él, el Oxígeno. Te calma, te sosiega, te tranquiliza y te entiende, te comprende y te apoya. Y aunque la complejidad de cada uno de nosotros es sumamente única y personal, a veces solo es necesario saber que hay un hombro donde sollozar, un regazo en el que descansar el agotamiento de las guerras transcurridas sin tregua.

Entonces te percatas de que todo lo vivido es positivo. Que todo cuanto has sufrido tiene su recompensa porque, a pesar de las batallas ganadas y de las luchas vencidas, aún hay un resquicio de humanidad en nuestro respirar y más aún en nuestro latir. Y te das cuenta que, el ser humano inhumano, también es parte de nuestros sentimientos más escondidos, incluso de los más animales."


Foto: Michal Zahornacky

martes, 26 de mayo de 2015

Los miedos... esos enemigos amigos.

Sin más, nuestros miedos se apoderan de nosotros, en el momento menos pensado, en las circunstancias menos esperadas... y llegan, claro que llegan. Por nuestras incertezas, por nuestra desconfianza, por nuestra inseguridad, por pensar que no podemos, que no somos capaces con lo que nos deparan algunas situaciones.

¿No os habéis parado a pensar que los miedos son, simple y meramente creados por nosotros mismos? Esos monstruos interiores que nuestra brillante e ilimitada imaginación, a veces un tanto distorsionada, es capaz de mimetizar con el resto de nuestra personalidad si se lo permitimos.

Marie Curie decía que en la vida no debemos temer nada... sólo debemos comprender. Y aquí ando yo, justo en el este punto que partió ya hace años, cuando aprendí a entender mis temores, mis miedos. He comprendido que no debo luchar contra ellos, sino con ellos, hasta apaciguar su agonía y su ansiedad, que no es más que la mía propia.

Foto: Diana Dihaze

Los miedos hay que comprenderlos, entenderlos y lidiar con ellos. Debemos ser capaces de aprender a subsistir retroalimentándonos para nuestra propia supervivencia. Debemos aprender a vivir en simbiosis. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Y el mayor enemigo de uno mismo, es uno mismo. 

Woody Allen, con un humor sarcástico e irónico como su propia persona, dice que el miedo es su compañero más fiel, puesto que jamás lo ha engañado para irse con otro. Ciertamente querido Woody... ciertamente. Es otra forma de aprender a superar las circunstancias adversa.